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Aptitud en la incapacidad, un tema pendiente

By: | Tags: | Comments: 0 | julio 26th, 2017

En el país están ocurriendo una serie de cambios en Seguridad y Salud en el Trabajo para trabajadores o personas con discapacidad. Analizar a detalle los casos sin cometer errores les permitirá acceder a un trabajo seguro y saludable. Por la importancia del tema, invitamos al Dr. Fermín Ruiz, especialista en Medicina Ocupacional, quien nos cuenta su punto de vista.
Dentro de las muchas actividades en Salud Ocupacional está el proceso de aptitud para el trabajo de una persona. Si el resultado de esta validación es positivo, la persona evaluada puede laborar sin ningún inconveniente, pero si es negativo, el acceso a tener un trabajo, digno y buscado por mucho tiempo, va a ser negado. Esto nos lleva al dilema si estamos realizando adecuadamente esta labor, si hemos considerado todas las variables que tuvimos al alcance y si nuestra respuesta es coherente y sobre todo válida.
La mayor parte de veces la validación de la aptitud es tan clara e inconfundiblemente radical como el negro o el blanco que con facilidad nos lleva a tomar una decisión acertada, pero cuando al frente tenemos a una persona que su estado de salud cae en el gran y temido espacio del gris, la tarea es más difícil. Un grupo de trabajadores que por su condición siempre cae en este espacio gris son aquellos que están presentando una limitación para realizar cualquier actividad laboral para el puesto de trabajo requerido, es decir tienen una incapacidad para el trabajo1.
Lo que se requiere con este grupo de trabajadores es rehabilitarlos lo más que pueda la ciencia médica para que al volver al trabajo se tenga una persona lo más productiva posible en el puesto de trabajo requerido. Hasta aquí sabemos que hacer, pero no sabemos quién y cómo hacer lo indicado líneas arriba.
Por mucho tiempo, la labor de retornar al trabajo a las personas (estando éstas de alta o no) recaía en el médico especialista tratante y es ahí que traumatólogos, internistas, cardiólogos, neumólogos, entre otros, enviaban a la labor a sus pacientes teniendo un conocimiento empírico de las labores que ellos iban a ejecutar. Posteriormente, comenzaron a participar en esta decisión los médicos de medicina física y rehabilitación lo cuales realizaban su trabajo de rehabilitar a la persona de forma integral, sin conocer las funciones que debería optimizar para que el trabajador sea productivo para el puesto de trabajo requerido y lo enviaba a desempeñar su labor con una serie de restricciones que se cumplían parcialmente dentro del trabajo.
Desde hace aproximadamente 15 años muchas empresas han contratado a médicos ocupacionales y éstos han asumido el criterio de determinar la reintegración laboral, que es el retorno del trabajador a su puesto habitual en iguales condiciones laborales bajo un proceso de adaptación, pero dejando de lado la importancia de un adecuado tratamiento médico y una rehabilitación dirigida, el que realizaban los médicos especialistas y rehabilitadores, por lo que se tenía un proceso totalmente desintegrado y que dificultaba el regreso en las mejores condiciones posibles del trabajador, teniendo en esencia una discordancia entre el alta médica, el criterio de aptitud para trabajar y las labores que el trabajador puede realizar en su puesto de trabajo.

Entonces, tenemos a tres tipos de profesionales médicos (médicos especialistas, rehabilitadores y ocupacionales) cada uno con un enfoque distinto, pero con el mismo fin: tener una persona en la mejor condición psicofísica para realizar productivamente su labor. Por lo tanto, se reducirían tiempos y costos si existiera un proceso sistemático que parta del tratamiento de la lesión, pasando por la rehabilitación con foco en la optimización de aquellas actividades esenciales para la labor del trabajador y terminando con un plan dinámico de retorno laboral donde se eleven paulatinamente las cargas laborales y se cumplan las restricciones dentro de la labor, es decir un articulado trabajo en equipo donde los tres tipos de profesionales participen activamente en estas tres fases.
Claro está, que no todos los casos pueden terminar en esta armonía de tratamientos y criterios. La gravedad de la lesión o la envergadura del menoscabo puede obligar a que las actividades esenciales del trabajador estén limitadas indefinidamente y es ahí que los procesos de reubicación (cuando se cambia de trabajo u ocupación al individuo) o de reconversión laboral (que es el entrenamiento en un arte laboral diferente al habitual) entran en juego.
Creo que de esta forma el proceso entre la enfermedad y el retorno laboral de cualquier trabajador sería mucho más fácil y sin tantos costos para la empresa. Finalmente mencionarles que evaluar la aptitud, de cualquier trabajador para cualquier trabajo, debe consistir en analizar las capacidades de la persona y no el diagnóstico que trae, evitando la estigmatización y la discriminación producto de un mal enfoque.
Autor: Fermín P. Ruiz Gutiérrez
Especialista en Medicina Ocupacional
Ex presidente de la Sociedad de Medicina Ocupacional y Medio Ambiente

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